martes, 16 de septiembre de 2008
sábado, 6 de septiembre de 2008
simple y real
como echar a alguien de menos
FRANK O'HARA
Escucho a Barney Kessel
y fumo fumo fumo y tomo té
e intento prepararme unas tostadas
con mantequilla y mermelada
pero descubro que no tengo pan y
ya son las doce y media de la noche
y lo único que hay para comer
es una botella casi llena
con caldo de pollo comprado por la
mañana y cinco huevos y un poco
de moscatel y Barney Kessel toca
la guitarra arrinconado entre la
espada y un enchufe abierto
creo que haré consomé y
después me meteré en la cama
a releer La Invención de Morel
y a pensar en una muchacha rubia
hasta que me quede dormido y
me ponga a soñar.
martes, 2 de septiembre de 2008
Retrato en Mayo, 1994

Mi hijo, el representante de los niños
en esta costa abandonada por la Musa,
hoy cumple entusiasta y tenaz cuatro años.
Los autoretratos de Roberto Bolaño
vuelan fantasmales como las gaviotas en la noche
y caen sus pies como el rocío car
en las hojas de un árbol, el representante
de todo lo que pudimos haber sido,
fuertes y con raíces en lo que no cambia.
Pero no tuvimos fe o la tuvimos en tantas cosas
finalmente destruidas por la realidad
(la Revolución, por ejemplo, esa pradera
de banderas rojas, campos de feraz pastura)
que nuestras raíces fueron como las nubes
de Baudelaire. Y ahora son los autorretratos
de Lautaro Bolaño los que danzan en la luz
cegadora. Luz de sueño y maravilla, luz
de detectives errantes y de boxeadores cuyo valor
iluminó nuestras soledades. Aquella que dice:
soy la que no evita la soledad, pero también soy
la cantante de la caverna, la que arrastra
a los padres y alos hijos hacia la belleza.
Y en eso confío.
lunes, 9 de junio de 2008
La Palabra
alguien,
un esclavo quizá,
descansando a la sombra de los árboles,
furtivamente,
en un lugar aislado
del fértil territorio
conquistado por su dueño el guerrero,
al contemplar los campos
regados por el ría
-probablemente
no ocurrió nada así:
reconstruyo, sin datos, una escena
que nadie sabe cómo ha sucedido-
y ver cómo otros hombres
cuidaban de las viñas, podaban
los olivos, transportaban el agua
que habría de mojar la tierra donde
crecían las hortalizas,
o conducían los rebaños hacia el monte,
o extraían la miel de las colmenas
-me parece escuchar el rumor duro
del estío,
las metálicas hojas de los árboles
(perdida su humedad) crujiendo casi
al ser rozadas por el seco viento,
el batir firme y alto de las alas
de águila, la viva luz
aplastándolo todo con su peso-,
y fijándose acaso espcialmente
en el volumen firme e insinuado
hajo el gastado lino
del vientre grávido de una mujer joven,
cerró los ojos
(el hombre que miraba todo aquello)
y articuló un suspiro
o bien dijo un sollozo, o algo semejante
que repitió y creció, y dejó su pecho
estremecido _ así la rama
abandonada por un pájaro...
Igual que un pájaro
salta desde una rama,
de este modo
surgió en el aire limpio de aquel día
la palabra:
amor.
Era
suficientre.
Pronunciada primero,
luego escrita,
la palabra pasó de boca en boca,
siguió de mano en mano,
de cera en pergamino,
de papel en papel,
de tinta en tinta,
fue tallada en madera,
cayó sobre las láminas
olorosas y blancas,
y llegó hasta nosotros
impresa y negra, viva
tras un largo pasaje por los siglos
llamados de oro,
por las gloriosas épocas, a través de los textos conocidos
con el nombre de clásicos más tarde.
Retrotraerse a un sentimiento puro,
imaginar un mundo en sus pre-nombres,
es imposible ahora.
La palabra fue dicha para siempre.
Para todos, también.
Yo la recojo,
la elijo entre las otras muchas,
la empaño con mi aliento
y la lanzo,
pájaro o piedra,
de nuevo al aire,
al sol,
hoy
(rostros, árboles,
nubes: todo es distinto en esta
primavera. En el vaso,
el agua huele a río.
Como una larga cabellera, el viento
ondea por las calles y se abate
de pronto
rizado y frío sobre el suelo.
Y en ocasiones,
¿por qué mi pensamiento
no acompaña a mis ojos
y se aleja
de lo que ven, perdido
y a la vez fijo en algo...?)
porque quiero.
jueves, 17 de abril de 2008
Cándido
_¡Oh Pangloss!_éxclamó Cándido_¡que extraña genealogía!¿No será cosa del diablo el linaje?_
_En absoluto_replicó aquel gran hombre_era cosa indispensable en el mejor de los mundos, era un ingrediente totalmente necesario: si Cristobal Colón no hubiera cogido en una isla de América esta enfermedad que envenena el orgien de la vida, y que incluso impide muchas veces la procreación, cosa que es evidentemente contra los fines de la naturaleza, no conoceríamos ni el chocolate ni la cochinilla; por otra parte debemos observar que, actualmente, en nuestro continente, esta enfermedad, junto con la dialéctica, es una de nuestras características propias.
lunes, 18 de febrero de 2008
Lo sabia
sin saberlo
tu eres única
la más amada
La más deseada
casta y pura
virginal...
y a la vez sensual.
Variadas sensaciones
al mirarte me consumen
diosa pagana
bella e inalcanzable
Al saberte tan lejana
diosa y vestal
me consumo en el fuego
de variadas sensaciones
viernes, 25 de enero de 2008
El problema del hombre blanco
Hace 400 años que los aborígenes venimos hablando del “problema del hombre blanco” e intentando distintas soluciones para mejorar y elevar sus niveles de vida. Los magros resultados alcanzados nos deben hacer reflexionar seriamente sobre el camino a seguir para lograr la definitiva solución del problema, que se mantiene y acrecienta para vergüenza de nuestra cultura indígena.
Conseguir la integración del blanco es el imperativo y el desafío de la hora, que todo aborigen bien nacido, debe aceptar.
Por ello me permito hacer algunas reflexiones básicas que sirvan de honesta colaboración para la discusión de soluciones a este problema que los aborígenes chaqueños tenemos la obligación de hallar la salida adecuada.
Considero que el error fundamental de la política blanquista que se siguió hasta el presente ha sido tratar de “incorporar” al blanco a nuestra sociedad, en lugar de estimular el proceso de “integración” chaqueña.
Incorporar es hacer caso omiso de la particular cultura del hombre blanco o considerarla peyorativamente y por ende tratar de imponer la nuestra por considerarla mejor. Como si ese remplazo fuera fácil de lograr y el hombre blanco pudiera, de la noche a la mañana, saltar sobre su experiencia de siglos olvidándola por completo.
Esta política de incorporación nos ha llevado a enjuiciar en forma negativa al blanco, calificarlos de egoístas, falsos, sin sentido de solidaridad, con afán desmedido de acumular riquezas materiales, capaz de faltar a la palabra empeñada, de robar de asesinar, de especular, de engañar, etc. Con tales prejuicios nunca se podrá entablar relaciones apropiadas para que prive buena comunicación y colaboración sincera.
El peor error que cometimos los aborígenes ha sido juzgar al blanco de acuerdo a nuestras pautas culturales. Así nunca tuvimos en cuenta sus valores inspiradores de su conducta y entonces fácil es acusar al pobre blanco de Cacharay (ladrón) cuando él inocentemente se queda con nuestras tierras, o cuando el almacenero pesa mal la yerba o la harina que nos vende a un precio mucho más elevado que el fijado oficialmente, olvidamos que esa es una pauta cultural del blanco, hacer leyes perfectas para vulnerarlas de inmediato o apropiarse de lo ajeno como lo más natural del mundo.
El peor error que cometimos los aborígenes ha sido juzgar al blanco de acuerdo a nuestras pautas culturales. Nunca tuvimos en cuenta las pautas que inspiran su conducta. Por eso tratamos de Cacharay (ladrón) al bolichero que pesa mal la yerba o el azúcar que nos vende a un precio superior al oficialmente establecido. Olvidamos que en lo que ellos llaman “comercio” no tienen “amigos ni parientes” (lo dicen) y tratan de la ganar la chigüé (plata) de cualquier manera- Algo similar ocurre cuando alambran nuestros campos. Los aborígenes olvidamos que ellos quieren “el progreso” y por lo tanto hay que tener más, siempre más, aunque con ellos perjudiquen a otros.
Considetamos fácil el proceso de incorporarlos a nuestra cultura y allí están los resultados de nuestros errores, el pobre blanco se desangra por intereses materiales, matan en nombre de ideales, perjudican a sus mismos hermanos de raza, pregonan que “el tiempo es oro” y viven con una ansiedad creciente, insatisfechos permanentes no se conforman con lo que tienen. Quieren cada día más y más. Destruyen bosques, matan despiadadamente animales y aves en nombre del “deporte”. ¿Cuándo dejaremos los aborígenes de recitar doctrinas “blanquistas” y realmente ayudaremos al blanco?
Tratemos de comprender su cultura y a partir de allí podremos realmente ayudarlos a elevar sus niveles de vida. No tratemos de incorporar al blanco, tratemos de integrarlo.
René James Sotelo - Borradores
